viernes, 8 de mayo de 2009

Dos versiones de un amor irrealizable

De lo suyo, se dijeron, se escribieron, en su momento, y sobre todo, tras sus caídas, chismes, rumores, consejas, anécdotas. Ella, él, guardaron silencio. El 1 de mayo del 2004 se vieron por última vez. Rosario Robles visitó a Carlos Ahumada en el Reclusorio Oriente, acompañada por la esposa del empresario, Cecilia Gurza.

Con el paso del tiempo, cada quien en su libro, Con todo el corazón, de ella; Derecho de réplica, de él, se mencionan. Y coinciden en reconocer cierta culpa, pero, cada cual con su matiz, su motivación, su circunstancia.

Así, Rosario Robles señala: “Cometí el error de relacionar lo personal con lo político”. Luego, asegura que sigue pensando que “el amor y la vida privada son cosa de dos”.

Por su parte, Carlos Ahumada dice: “Fue un error garrafal haber mezclado mis sentimientos con los negocios. Fue un suicidio”.

Una mujer que rechaza que fue utilizada o que alguien se aprovechó de ella, pues “no me gusta ser ni hacerme la víctima”.

Un hombre que confiesa que se equivocó en su forma de responder “a la extorsión y al chantaje sentimental”.

Rosario Robles y Carlos Ahumada. Ella en su libro asegura que la relación no fue de negocio y poder, que no otorgó ningún contrato a las empresas de Ahumada. Él narra que en los encuentros con Carlos Salinas de Gortari en Londres y en La Habana, el ex presidente le ofreció intervenir, buscar apoyos para que se reformara la Constitución Política para que Rosario Robles pudiera ser candidata en el 2006 a la jefatura de Gobierno capitalino después de haber ocupado dicho cargo como suplente de Cuauhtémoc Cárdenas.

Ella, en su libro, publicado en el año 2005, nada dice de la relación que tuvieron con Salinas de Gortari.

Él, en el suyo, que acaba de salir a la venta, narra, con detalles, varias escenas; de esas reuniones, una en particular, que, según él, es de las más impactantes que ha visto.

Casi las cinco de la mañana. Habían bebido bastante vino francés. Estaban en la biblioteca del ex mandatario, ante la vitrina que guarda las bandas presidenciales. Rosario le comentó que debía de ser un gran honor y orgullo portar la banda. Salinas sacó una de ellas, se la puso a Rosario, “Te luce muy bien”, le dijo.

“Sé que al lector le puede resultar difícil creerme. Yo mismo, a pesar de la gran cantidad de vino tinto que tenía encima, no podía dar crédito a lo que veía. Quedé estupefacto. Me pareció una escena increíble y vergonzosa, me dio pena ajena”, cuenta Ahumada. Una reunión a la que, según él, ella llegó, a pesar de ser de noche, con lentes oscuros y una mascada que le cubría la cabeza.

Pero hace público también otro encuentro, el de Rosario Robles con el entonces presidente Vicente Fox. Según Ahumada, ella quería informar al mandatario que se proponía renunciar a la presidencia del PRD, “así como pedirle ayuda para resolver el problema económico en el que se encontraba el partido”.

Cada quien su versión, su estilo. Rosario Robles apunta que él estaba en alguna ocasión cuando ella dialogaba con compañeros perredistas, pero por cuestiones estrictamente personales. Carlos Ahumada revela que a la primera persona que videograbó fue precisamente a ella.

Ella, él. Hoy cada quien por su senda, cada cual su estilo, su conciencia...

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