sábado, 10 de enero de 2009

Relatos de una vida inútil pero divertida.

Quiero agradecerte a ti lector por tomarte el tiempo de hurgar en este, el que espero se convierta en el espacio de tu barbaján favorito.

Este espacio no pretende ser en absoluto de contenido periodistico, sino a lo mucho literario, donde narraré mis aventuras, plasmaré mis opiniones y reflexiones, pero que en mayor medida estará lleno de incoherencias. Y cuyo único objetivo es el de entretener. Los aplausos gloriosos, las ovaciones de pie, así como los comentarios, censuras y amenazas de muerte las pueden enviar a
ellasemuere@hotmail.com.

Siendo la primera vez que se me abre un espacio de expresión de este tipo, considero que lo más apropiado es presentarme: pueden decirme Om, y tomando prestadas las palabras de Collin Farrel “bebo, escupo, maldigo… Soy irlandés”, algo misógino y misántropo también. Mi fundamento en la vida y en este espacio, es que soy ignorante, el primer hombre sobre la tierra era ignorante y todo mundo nace en la ignorancia (ya lo decía Platón). Bajo esa premisa digo que cualquier certeza o idea, por mas brillante que sea, no deja de ser de un ignorante cualquiera como yo. Por ende mis opiniones y las del que quiera compartirlas son tan validas como podrían ser las de Maquiavelo respecto a la política.

Este espacio, he de dedicárselo a mi padre, pues fue él quien (después de que me expulsaron de la preparatoria por segunda vez) comentó que mi vida era “inútil, pero divertida”. Y haciendo un recuento puede que tenga razón; no he cambiado al mundo, no he logrado la paz en Irak, no he sido presidente, no he encontrado la cura para nada, no he revolucionado la moda, o el mundo de las ideas. Vaya, que ni siquiera he podido terminar mi tesis. Pero estoy seguro de haber bebido más litros de cerveza que toda la sala de redacción de este diario junta, y también he recorrido más kilómetros “bebido”. A estas alturas es mas fácil que me de cirrosis a que tenga un accidente a causa del alcohol.

Hace algunos años me encontraba en DF, bebiendo con una amiga… Y cuando desperté lo primero que vi fue la cara de un tipo durmiendo a mi lado… “¿Que hace él aquí?” me dije seguido de “un momento, ¿Qué hago yo aquí?”. Pero no, no me ardía el ano. Entonces cayeron los recuerdos. Después de dejar a mi amiga, me tomé un par de caguamas mas para luego transportarme vía ADO a la ciudad de Córdoba donde un cuate me esperaba. Entre los chacales y las suripantas, recorrimos todas las cantinas de mala muerte del centro de la ciudad hasta perder el conocimiento.

Al día siguiente nos tomamos un seis para la cruda. Por la noche salí rumbo a Coatzacoalcos donde continué la procesión de la cerveza con mi hermana. Ahí es donde todo se pone nebuloso. Recuerdo que había brandy, ron, chela y mujeres. Recuerdo haberme metido al baño con una amiga de mi hermana, haberme tomado un litro de tequila rebajado con agua, parpadear y aparecer en la playa, parpadear de nuevo y aparecer de regreso en el baño de casa de mi madre, abrazando el inodoro. Fue como si me hubiera telétransportado. Lo siguiente que recuerdo es que estaba tomando alcohol en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, con mis cuates un primero de enero en la madrugada.

En realidad es como una tradición religiosa, los musulmanes tienen la Hégira, yo tengo la Peregrinación de la Cebada. La ley marca que por lo menos en uno de de los tres días sagrados de la cebada, no importa donde nos encontremos, los amantes de la cerveza (y otras bebidas embriagantes) debemos regresar a Tuxtla a rendirle pleitesía al nicho en que nos pusimos nuestras primeras borracheras, donde fuimos iniciados en los templos sagrados del table dance, y nos arrodillamos ante el Dios de Porcelana donde depositamos los primero frutos de nuestra gastritis alcohólica.

Es una bonita tradición. Es cuando vuelvo a ver a la bola de borrachines con los que crecí. Propiamente dicho muchos de ellos ni siquiera eran mis amigos, pero estaban ahí, eran parte de la banda. Éramos los apóstoles del Alcohol. Y aunque no llega a ser una fe tan rigurosa como el cristianismo, nos ha sido encomendado esparcir su culto por el mundo.

Mucha gente se asusta si te gusta beber, y hasta le agrega la terminación “ismo” a la palabra alcohol, sin siquiera saber que significa. Para los no bebedores o bebedores de closet, sólo se puede beber en ciertos días, a ciertas horas y en ciertas circunstancias, sino te atienes a esos mandamientos te conviertes en un peligro para ti y para la sociedad, y comienzan a segregarte. Claro, hay niveles, una cosa es que te guste el chupe, y otra que seas adicto. Dejando la chamba tirada, o botando los estudios al caño por unas copas, siendo imprudentes, bebiéndose la quincena completa o agrediendo a otras personas son los adictos los que nos dan mal nombre a los demás. ¿Y cuál es la única excusa que encuentran?: fue el alcohol, el alcohol tiene la culpa. Claro, escúdense detrás de la primera idiotes que se les ocurre, evadan su responsabilidad, digan que es una enfermedad… Esa gente ni siquiera merece ser llamada gente, es patética.

Si usted es un buen bebedor, sabrá que las cosas no son así, que somos estudiantes y trabajadores responsables; muchas veces sobresalientes; amigos respetuosos, padres comprometidos, parejas amorosas, que no estamos peleados con el ejercicio, somos personas preocupadas por cultivarnos, tenemos inquietudes intelectuales, sociales y morales… pero que no gusta divertirnos.

Que les sea leve, y una fría para el final.

No hay comentarios: